23 JUN

Nosce te ipsum. Conócete a ti mismo.

Por Autoconocimiento Ansiedad.

NOSCE TE IPSUM

 

Es común que las personas pensemos que al menos nos conocemos la mitad. Solemos decir que nos conocemos: medio bien o  medio mal. Casi sinónimo de que nos conocemos al 50%. Puede no parecer poco. Eso depende de cómo nos sintamos. Medio bien, vaso lleno; medio mal, vaso vacío. Lo cierto es que si el médico nos dice que podemos curarnos de nuestra enfermedad mortal el 50% de las veces no nos parecerá demasiado. Uno de cada dos se cura. El otro no. Según la estadística es una suerte de conocimiento… en tanto que se suele considerar azar.

Total, estamos media vida huyendo de lo que no nos gusta de nosotros, y la otra media intentando construir o afianzar lo que nos gusta. Así seguimos al 50% de conocimiento. 

Aquí  se me ocurre una pregunta. ¿Por qué no nos conocemos lo suficiente? 

Resulta paradójico que el hecho más frecuente en nuestro mundo sea “nosotros mismos”. Nada ocurre para nosotros, más que nosotros.  Pasamos toda la vida pensando, analizando, sintiendo nuestra vida y nuestra relación con el mundo y los que lo habitamos. Toda la vida en contacto con nosotros. Sin poder escapar. Sin poder huir. Encerrados. Atrapados. Esclavos. Prisioneros de nosotros. Y aún no nos conocemos lo suficiente.

 Es como si nos pasáramos la vida viendo sin mirar, o mirando si ver, según llenemos de significados ambas palabras. De nuevo una pregunta. 

Perdón. Dos.

¿Por qué miramos sin ver…?  Y ¿qué vemos cuando miramos?

Algunos pensarán que hay muchas razones y múltiples motivos por los que cada persona ( modelo de mundo = cada uno es diferente) mira sin ver, y ve cosas diferentes cuando mira.  ¿Y si el punto de partida fuera que somos muy parecidos? ( modelo de mundo = el mundo es el mismo mundo para todo el mundo = igual para todos = todos nos parecemos)

Claro da miedo. Da miedo no ser uno mismo, especial y diferente. ¿Y parecernos a quien no nos gusta?. Igual descubrimos cosas de nosotros que nos desagradan… Siempre duele menos, si lo que no nos gusta de nosotros no lo vemos (negación) o lo tienen los demás (proyección) o lo tenemos, pero le sacamos algún beneficio, (sublimación)…  

Así que cada uno/a que lee este texto (debe estar muy aburrido/a) cree que puede elegir si mira el mundo desde un modelo  u otro. Como casi siempre pensamos que somos (medio) dueños de nuestra vida, así que al menos la mitad de las veces podemos elegir… Y puede que sea cierto, pero no como piensa la mayoría de las personas.

 ¿Alguien se analiza a si mismo desde una perspectiva bio-psico-social? Espero que no. De lo contrario me quedo sin trabajo en un santiamén. Es común el conocimiento psicológico sobre nosotros mismos. Al menos nos conocemos medio bien. Las respuestas que el individuo da en el mundo por pertenecer a determinado grupo social, a determinada cultura en un momento y contexto histórico determinado… se nos escapa un poco de las manos. ¿Y el componente bio…? Ya eso pensamos que es cosa de los médicos.

¿Y si el componente biológico fuera más importante de lo que pensamos?. ¿Alguien se analiza así  mismo como un individuo de  una especie del orden de los primates perteneciente a la familia de los homínidos, Homo Sapiens Sapiens? Pues va a ser que no. Sin embargo cuando los perros hacen “sus cositas” en la calle lo consideramos normal. Lo perros (canis lupus familiaris, educados o no) NO traen en los genes hacer  “sus cositas” en el baño. Si vemos documéntales en National Geographic solemos incluir palabras como instintos, hábitos, costumbres… cuando comentamos con nuestros allegados esas imágenes tan espectaculares que nos acercan la naturaleza salvaje. Nosotros somos la naturaleza. Pero no somos salvajes. ¿Seguro?. ¿No tenemos instintos?. ¿No tenemos hábitos?. ¿No tenemos costumbres?. ¿No somos animales?. Si, pero no. Somos únicos, especiales, distintos, diferentes… eso si, los tigres son en comportamiento todos iguales, los pájaros de la misma especie tambien,  las cucarachas, los perros y los gatos.

Jode, o mejor y más educado fastidia. Media vida pensando que somos diferentes, para que el psicólogo, precisamente, nos diga que hemos dejado de ver, mirar, entender, conocer y respetar esa faceta biológica que pone límites, más o menos flexibles a nuestra conducta.

Aún no he visto a un tigre lamentándose de sus rayas, o a una cebra. Ni a un colibrí de su largo pico, ni a un oso quejándose por tener que comer como tal para poder engordar en verano para poder sobrevivir al invierno. No he visto osos bipolares, ni con trastorno de la conducta alimentaria… No he visto a perros deprimidos por tener que defender su territorio permanentemente con sus pipís marcadores de terrenos. Pero ya si he visto perros con ansiedad y depresión por estar humanizados. Por tener que vivir una vida fuera de sus limites genéticos.  ¿ Será que el humano olvidó su faceta animal?.  ¿Será que el homo sapiens sapiens se hace tórpus…?

La evolución del ser humano como especie es admirable. Impresionante. Soberbia. NO menos que la de otras especies. Igual de admirable y adaptativa que la nuestra. Solo somos más inteligentes, según se describa la inteligencia. Cambiar el equilibrio natural del planeta para acumular riqueza, es algo que no se le ocurriría a ningún animal. Solo al ser humano. Solo el ser humano tiene más  y si no lo tiene procura tenerlo (en general). No vemos a los osos acumulando carne  y miel en la despensa para pasar el invierno comiendo en lugar de dormitando. 

Si. Somos tan especiales los humanos que estamos ignorando nuestra faceta animal (biológica).

 Nuestras emociones. Que solo son importantes cuando no las entendemos.

Sabemos que las emociones son un fenómeno de la evolución de reptiles a mamíferos. Pero eso lo estudiamos, si fue el caso, hace muchos años. Ahora estamos muy ocupados con nuestra vida presente, centrada en el logro, en los objetivos, en el éxito social y profesional, en vivir la vida con intensidad y rápido, que se nos escapa… Esa parte que tiene que ver nuestra vida con las emociones que ha formado siempre la dualidad mente / cuerpo se ha ido decantado por la fuerza del pensamiento racional hacia la mente. Esto ha convertido a la misma en el motor de la humanidad moderna, tecnológica, científica. Nuestra inteligencia. Casi nuestro mayor tesoro. Sino el único. Solo nos paramos cuando la vida nos para de golpe.

 Sin pensarlo. Sin quererlo. Sin esperarlo. Sin merecerlo. Entonces, intentamos usar nuestra inteligencia… y no parece bastante. Y entonces la vida no es justa, la vida es una m… , esta vida que vivimos no es sana… estamos dejando un mundo catastrófico a nuestros hijos… pero no entendemos nada.

 Y lo peor, encima pensamos que nos conocemos medio bien. Y entonces aún entendemos menos. Y seguimos buscando explicaciones con la inteligencia… 

 Suelo explicar a mis pacientes que es como intentar hacer un análisis de texto con una calculadora. No es que la calculadora sea un mal instrumento. Y no es que no funcione. Pero no es el instrumento para analizar un texto. No es la herramienta. 

Quizás analizar como siempre los problemas del ser humano sea sinónimo de intentar conocer los síntomas, signos clínicos, patológicos de lo que no funciona para hacerlo funcionar… pero y ¿si lo que falla es la relación del ser humano consigo mismo? La mayoría de las personas que sufren buscan en su relación con el medio – contexto – personas  las explicaciones a su sufrimiento. Si perdí las llaves en la sala de espera y las busco en el coche, que es donde pienso que las he perdido… imagino que me resultará muy difícil encontrarlas. En ningún momento pensaré, que el problema no es dónde perdí las llaves, sino dónde pienso que las perdí. Porque es allí donde las buscaré afanosamente.

 Así hemos construido nuestro mapa del mundo. Con nuestra percepción, nuestro pensamiento y nuestras creencias                       (experiencias propias y ajenas acumuladas) que forman un “bloque de conocimiento” que nos explica nuestra vida y en realidad la vida de los demás. Medio bien, o medio mal.

 Y así, cojeando queremos correr. Un triatlón, que ahora está de moda. Como con nuestra experiencia hemos madurado, tenido éxitos, logros académicas, sociales, personales, familia, hijos/as, coche, casa (chalet los más afortunados)… y además estamos sanos no entendemos lo que ocurre.

 Pido perdón por explicarlo de manera tan simple. 

Hemos perdido la conexión con nosotros mismo. Nuestro sufrimiento, nuestro desánimo, nuestra ansiedad significan “cosas” que no sabemos entender. 

 Nuestra inteligencia pura no sabe procesar sin ayuda de las emociones.  Así nos va.  Es como si un tigre rosa intentara cazar camuflado en la sabana y no entendiera porque  le es difícil obtener una presa. O si un mono naranja procurara esconderse en una arboleda de un cazador  y no entendiera que le encuentre en todas las ocasiones.

 La naturaleza es sabia. Solo con los humanos pone difícil entender esta aseveración.

 Emociones.  Ahora es un “tema” de moda. La inteligencia emocional. La nueva neurociencia está aportando nuevos conocimientos sobre  como funciona nuestro cerebro emocional. Lleva ahí miles de años. Y se conoce muy bien desde hace siglos. Pero el humano racional lo ha despreciado, minimizado y puesto al servicio del cerebro lógico científico. Y perdió la batalla durante muchos años. 

Ahora, casi no se puede entender a un humano sin sus emociones. A pesar de que todos pensamos que las conocemos, es un conocimiento muy superficial. Poco útil. Casi banal. Howard Gardner expone que todo el mundo cree conocer lo que es una emoción hasta que tiene que definirla. Piensen.

 Especialmente con las emociones mal llamadas negativas. Pesar, pena, desesperanza, dolor, sufrimiento, malestar, agobio, estrés, soledad. Hemos aprendido que todo lo que no nos gusta es malo. O potencialmente peligroso. Por consiguiente evitable o un aspecto de la realidad del que escaparnos. La sociedad, en general y el modelo médico que incluye el sufrimiento como un síntoma de la enfermedad, aunque lo sea,  nos ha hecho interiorizar  que el sufrimiento es malo. Que hemos de evitarlo. Como una ola de calor. O salir a la calle cuando hace viento de levante, o del cierzo. O un frio infernal valga la paradoja.  Y de nuevo me acuerdo de la naturaleza. De los animales sin aspiración a dejar de serlos. Y no los veo quejándose de la sequía estacional en el serengeti, ni de las lluvias monzónicas, ni de los tsunamis, ni de la vida. Solo les ves vivos. Luchando por la supervivencia. A los humanos, cuando se nos tuercen las cosas y no son como nos gustan se nos abre la caja de Pandora. Y entonces, con derecho a todo nos quejamos amargamente de que la vida no es justa con nosotros. Y quizás solo sea vida. Quizás solo sea sufrimiento. El sufrimiento no mata a nadie. Son las medidas para eliminarlo las que lo hacen. En situaciones drásticas. El sufrimiento suele enseñarnos lo que no va bien, lo que nos importa. Si nos observamos, sufrimos cuando las “cosas nos importan”. 

 El dolor lo provoca el daño que nos hace la vida cuando nos regala algo inesperado, algo negativo. El trauma ocurre cuando no aceptamos el dolor.

Aceptar el sufrimiento como una parte mas de la vida de la que NO tenemos que defendernos es la manera de integrar en nuestro modelo de mundo el sufrimiento de manera natural.  No tiene que gustarnos. No va a gustarnos. No nos gusta. 

 Solo es que no se puede estar huyendo de nuestro dolor toda la vida. Eso si es dejar de tener presencia en nuestra vida.

Solo envejecemos cuando abandonamos nuestros ideales. Los años arrugan la piel, cuando renuncias a los ideales arrugas el alma. Y eso puede ocurrir a cualquier edad.

Dentro de todos nosotros hay un mejor nosotros. Un mejor yo. Un yo que quiere ser más feliz. Un yo que no puede serlo si sigue huyendo de su sufrimiento.

 

Solo entenderlo nos hace libres.  

Solo aceptarlo nos hace dejar de huir. 

Solo dejar de huir nos permite vivir.